Para perder peso, haga lo siguiente:

Ingiera huevos de lombriz. Espere a que crezcan dentro de su cuerpo hasta que lleguen a la madurez. Si tiene constantes ganas de vomitar o incesantes diarreas, no se asuste, quiere decir que el procedimiento está funcionando. Además, recuerde que una lombriz pude llegar a medir hasta 9 metros, por lo que es normal tener malestares. Por cierto, también podría perder la vista, contraer meningitis, tener ataques de epilepsia y quizá, demencia.

Aunque suene completamente disparatado, en 1900 esta dieta se hizo sumamente famosa. Las personas consideraban que, comer huevos de lombrices las ayudaría a bajar de peso, pues éstas llegarían hasta el intestino y consumirían todas las grasas. Las personas que las consumían esperaban llegar al peso ideal —si no morían o enfermaban gravemente en el intento— para luego tomar medicamento antilombrices que les causaba más dolores y complicaciones.

Lo más sorprendente no es que esta práctica haya sido tan popular, sino que, aún en nuestros días, la urgencia de bajar de peso nos hace tomar medidas extremas y completamente riesgosas para nuestra salud. Un ejemplo de ello es la dieta cetogénica.


¿Cómo funciona?

Según los especialistas, lo que se busca con esta dieta es «generar en el cuerpo un estado de cetosis similar al que se produce cuando se ayuna».

La fórmula grosso modo es la siguiente:

Todas las proteínas + todas las grasas – todos los carbohidratos = liberación de cetonas en la sangre = peso ideal.

«La mayoría de las células prefieren usar el azúcar en la sangre, que proviene de los carbohidratos, como la principal fuente de energía del cuerpo. En ausencia de la circulación de azúcar, proveniente de los alimentos, en la sangre comenzamos a descomponer la grasa almacenada en moléculas llamadas cuerpos cetónicos (el proceso se llama cetosis).

Una vez que se alcanza la cetosis, la mayoría de las células utilizarán cuerpos cetónicos para generar energía hasta que comencemos a comer carbohidratos nuevamente. El cambio, de usar la glucosa circulante a pasar a la descomposición de la grasa almacenada como fuente de energía, generalmente ocurre durante dos o cuatro días de comer menos de 20 a 50 gramos de carbohidratos por día», se lee en el estudio Dieta cetogénica: ¿Es la última dieta baja en carbohidratos buena para usted?, del profesor de medicina en Harvard, Marcelo Campos.

Es decir, al privar a nuestro cuerpo de carbohidratos, nuestras células comienzan a descomponer grasas. Al ser un cambio radical, la disminución de peso es casi inmediata.


Lo que podrías comer

+ Mantequilla
+ Aceite de coco y de oliva
+ Frutos secos
+ Vegetales verdes
+ Sardinas
+ Atún
+ Salmón
+ Carne roja (mucha)
+ Aguacate
+ Embutidos
+ Huevo
+ Pollo


Lo que no podrías comer

—Harinas
—Frutas (o en muy mínimas proporciones)
—Fideos
—Alcohol
—Azúcar
—Leche (a menos que sea descremada)
—Panes
—Cerveza


¿Cuáles son los riesgos?

Inmediatos

-Falta de energía
-Mal aliento
-Náuseas
-Vómitos
-Insomnio
-Estreñimiento

A largo plazo

-Problemas renales
-Falta de energía
-Colesterol alto
-Hipertensión arterial
-Trigliceridemia
-Dependencia a la carne roja y alimentos procesados

La dieta citogenética tiene distintas variedades, hay algunas que restringen alimentos de manera paulatina y otras que lo hacen de modo radical. Sin embargo, todas las modalidades coinciden en privar al cuerpo de algo fundamental para realizar sus funciones de manera correcta: los carbohidratos. Es decir, se trata de poner al organismo a un límite que, naturalmente, no tiene por qué pasar.

Esta dieta ganó los reflectores hace unos años porque resultó altamente eficiente para personas que sufrían epilepsia y eran resistentes a los medicamentos; los ataques disminuyeron y al popularizarse su consumo, se descubrió que con ella se podía bajar rápidamente de peso. Sin embargo, de manera irresponsable y sin prescripción médica, millones de personas comenzaron a seguirla, desencantándose después de hacerla. Sucede que uno de los inconvenientes más inmediatos es que al final, resultará inútil. Muchos especialistas han enfatizado en el hecho de que por su naturaleza, es muy probable que a las pocas semanas se recupere el peso perdido.

Además de que la exigencia de un régimen limitado termina por aburrir a quien lo practica, sucede que el cuerpo nota que hay algo mal y empieza a “pedir” carbohidratos. Finalmente, cuando se regresa a comer de una manera normal, el peso vuelve e incluso, puede ascender. Se trata del efecto rebote que se da en cientos de “dietas milagro”.

Antes de decidirte por una dieta, toma todas esas consideraciones en cuenta. Piensa que sí, es muy probable que bajes de peso, pero de nada te servirá después de que tengas que regresar a comer de manera ordinaria y tu doctor te diagnostique un padecimiento irremediable.

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Lo apresurado de la vida cotidiana, nos lleva a comer lo primero que tenemos enfrente, causando graves consecuencias posteriores. Por ello, lo más recomendable es intentar, al menos de vez en cuando, incorporar conductas alimentarias sanas a nuestra vida.

CULTURA COLECTIVA

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