Guiados por bajas pasiones o atormentados por un pasado lacerante, estos actores llevaron a la vida real los crímenes que alguna vez sólo simularon.

«Yo no lo hice, lo juro». El detector de mentiras no registra ni un sólo cambio de pulso. Sus ojos miran fijamente al investigador. Su postura no da señales de estar ocultando algo. Al contrario, parece estar diciendo la verdad. Todas las pistas apuntan a que, en efecto, es inocente.

¿Imaginas cómo sería acusar de un crimen a un actor brillante? Probablemente, todos le creerían. No habría ninguna seña que lo delatara y quizá pasaría toda la vida gozando de impunidad…

Pensándolo bien, eso podría ser un excelente tema para una película. Sin embargo, muchas veces la realidad supera a la ficción, ya que existen unos cuantos actores que han pasado de ser amantes del arte a ser asesinos de forma voluntaria e involuntaria. Estas son sus historias:

Lana Turner

Considerada como una sex symbol de los años 40, Lana Turner vivió una vida tormentosa. Se dice que durante sus primeros años de escuela no era la estudiante más brillante, sin embargo, su incontestable belleza captaba la atención de todo el mundo. Fue así como la descubrió un cazatalentos y la invitó a acudir a algunos castings.

Empezó con pequeños papeles, pero más tarde tuvo apariciones más importantes como en The Great Garrick, They won´t forget y más tarde en El extraño caso del Dr. Jekyll.

Probablemente la súbita llegada de la fama hacía que su vida se convirtiera en un caos. Se casó siete veces, todas sus parejas aseguraban que era una persona inestable y el abuso del alcohol era algo sumamente evidente.

Cuando su única hija, Cheryl, tenía 14 años, Turner tenía una relación romántica —y violenta— con Johnny Stompanato, un mafioso. En una pelea por celos, éste fue asesinado. Las primeras versiones acusaron a la hija de la actriz de perpetrar el crimen al intentar defender a su madre de una golpiza. Sin embargo, al descubrirse una serie de cartas de la autoría de la actriz se sugirió que ella fue la asesina, al menos intelectual.

Matthew Broderick

Su carrera actoral era prodigiosa. Títulos como Juegos de guerra, Ferris Bueller’s Day Off, Tiempos de gloria, Adictos al amor, Election y Godzilla fueron interpretados por él de manera prodigiosa. Antes de desenvolverse como actor había vivido una historia relativamente sin problemas: de su madre adquirió el amor por el arte, de su padre la educación moral. Siempre recibió una privilegiada educación, incluso asistía a institutos privados en Manhattan.

En su vida todo pintaba bien. Al paso de los años se casó con Sarah Jessica Parker, con quien tuvo tres hijos. Sin embargo, la desgracia le tenía un lugar reservado: cuando se encontraba en Irlanda provocó un accidente automovilístico por el cual murieron dos mujeres —madre e hija—. La causa del incidente aún no está del todo clara, y aunque los jueces aseguraron que no se encontraba en estado etílico, quedan muchas dudas al respecto y el estigma de que fue su responsabilidad.

James Caan

Sus papel más memorable fue el de Sonny Corleone en El Padrino. Aunque antes de eso había trabajado en series de televisión, parece que este personaje caía como anillo al dedo a su personalidad rebelde y criminal. Las presuntas relaciones que mantenía en la vida real con la mafia le hicieron visitar varias veces al juez acusado de delitos menores.

Poco después se le acusó de arrojar a un hombre desde la ventana de su departamento en Nueva York. Naturalmente, esta persona perdió la vida en el acto. Caan fue llevado al juzgado para responder por el hecho pero pronto fue liberado tras explicar que se había tratado de defensa propia. Todavía hay inconformidades por su liberación.

John Wilkes Booth

Proveniente de una familia de actores, Wilkes comenzó en esta carrera desde los 18 años representando papeles importantes en los teatros locales. De un carácter extravagante pero ideas convencionales, su posición política era en extremo costumbrista y estaba a favor de los Estados Confederados de América. Era un claro opositor hacia el nuevo gobierno antiesclavista y sentía hacia él un odio desmedido.

Eso le llevó a aprovechar la asistencia del presidente Lincoln —junto con su esposa— al teatro Ford de Washington durante la puesta en escena de Our American Cousin para perpetrar uno de los homicidios que cambió el transcurso de la historia de Norteamérica. Haciendo uso de su conocimiento sobre este tipo de recintos, se inmiscuyó en el palco presidencial y —desde atrás— le disparó al entonces dirigente nacional directamente en la cabeza.

«¡Sic semper tyrannis!» —”así siempre a los tiranos” en latín— gritó ante el clamor de las personas que veían horrorizadas la escena. Aunque logró escapar en su caballo, pronto fue arrestado junto con otros de sus compañeros —muchos de ellos inocentes—.

Skylar DeLeon

Deleon se convirtió de un día a otro en el autor intelectual y material en primer grado del crimen contra Thomas y Jackie Hawks, una pareja de esposos de Prescott, Arizona. Este fue uno de los homicidios más sonados por lo siniestro de su ejecución.

Junto con sus compinches, Deleon engañó a la pareja de jubilados para dar una vuelta en su lujoso yate por una bahía. Los secuestraron, y los ataron al ancla para después lanzarlos y que murieran ahogados. La intención del exactor era quedarse con la embarcación de las víctimas.

De la infancia de este hombre se sabe que su madre tenía problemas con las drogas y su padre era un exconvicto. La prensa norteamericana aprovechó el éxito de la serie infantil Power Rangers para difundir que él era el “rojo”, sin embargo, él no formaba parte del elenco oficial, sino que era sólo el extra que suplía a este actor en las escenas peligrosas.

Es fácil ver que aunque sean estrellas de películas no dejan de ser seres humanos con trastornos serios. Es curioso cómo las historias de asesinos despiertan tanta euforia y atención mundial —tanta que abarrotan los cines y dejan ganancias millonarias a la industria cinematográfica—, mientras que, cuando se trata de casos reales, nos dejan con un mal sabor de boca y decepción de quienes admiramos alguna vez en la pantalla grande.

CULTURA COLECTIVA

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