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Ideas absurdas que se creían ciertas en la Época Victoriana

Ideas absurdas que se creían ciertas en la Época Victoriana

Durante la Época Victoriana cada ciudad en Inglaterra se regía bajo sus propias reglas en cuanto al uso de los horarios. Cuando el ferrocarril llegó a la vida diaria de los ingleses, significó un cambio radical ya que la mayoría de las ciudades se empataron en cuanto al horario para que el transporte no sufriera demoras. Para hacerlo más sencillo, empezaron sincronizando los relojes de las comisarías y estaciones. Poco a poco, los ciudadanos pusieron sus relojes a la misma hora y de pronto, todo el país ya contaba con el mismo horario.

Así como el horario, las tradiciones variaban en cada ciudad del país, por lo que era normal encontrar una forma diferente de educación en cada escuela, familias con tradiciones diversas y hasta fechas especiales celebradas en diferentes días. Por ello, no es de sorprenderse que sus necesidades fueran completamente opuestas y que los inventos fueran creados especialmente para una comunidad.

En la actualidad algunas de las ideas de entonces nos parecen absurdas, pero dentro del imaginario social en el que estaban inmersas no resultaban pensamientos tan descabellados. No obstante, al darse cuenta de que no funcionaban del todo bien, no sólo desechaban la idea, sino que buscaban explicaciones lógicas que les ayudaran a entender el fracaso sin darse cuenta de que, en realidad, habían omitido detalles muy simples como la gravedad, las matemáticas o el sentido común.


Llevar un globo aerostático al espacio
En 1862, Glaisher y Henry Coxwell pusieron en marcha su invento: el globo aerostático, que pretendía ser un medio de transporte aéreo llevando personas y objetos lo más alto posible; sin embargo, en la prueba todo salió muy mal. El globo se elevó tanto que llegaron a un punto en el que las temperaturas bajaron considerablemente, por lo que los animales que llevaban a bordo para observar, murieron. Los dos hombres también sufrieron de un colapso y casi pierden la vida, pero Coxwell retiró con los dientes el cordón que liberaba la válvula de aire para poder aterrizar lento. Su sueño de querer ir al espacio se quedó en el olvido y en un bosque un tanto lejano de casa.


Entrevistas telepáticas
W.T Stead dirigía la revista The Pall Gazette, misma que buscaba la información y la participación ciudadana. Se dice que él hacía hasta lo imposible por conseguir declaraciones y entrevistas. Sin embargo, no lograba diferenciar entre la realidad y la imaginación, por lo que trató en infinidad de ocasiones de contactar personas con el poder de su mente. Para no perder la práctica ni los poderes, le dictaba notas a su secretaria a través de la telepatía o preguntaba cosas a los políticos más famosos. Extrañamente, asegura que una de las víctimas del Titanic le informó cómo ocurrió la tragedia, ante ello, nadie toma una postura real, pero lo que él redactó tiene mucho sentido y cuenta detalles que nunca habían sido mencionados.

Comunicarse a Marte
En 1888, Giovanni Schiaparelli anunció el descubrimiento de un canal (línea gruesa en la superficie debido a la erosión) de Marte; sin embargo, una traducción mal hecha conmocionó a la sociedad inglesa cuando se dio por sentado de que se trataba de construcciones hechas por seres inteligentes en el planeta rojo. Inmediatamente, los victorianos buscaron la manera de hacer contacto con los supuestos marcianos. Tanta fue su creencia y fe en ello, que muchas personas gastaron dinero en inventos absurdos, como espejos gigantes a lo largo de toda Inglaterra, los cuales serían movidos de forma paralela para emitir señales de luz hacia Marte. Creían que los marcianos interpretarían el mensaje de forma correcta, por lo que la comunicación entre ambos planteas se efectuaría de manera sencilla. En 1892 se llevaron a cabo los preparativos. No obstante, científicos reales aseguraban que Marte se estaba alejando de la Tierra, por lo que era imposible que vieran los espejos.


Entrenar abejas como mascotas
John Lubbock tenía como hobby enseñar a leer a un grupo de perros, pero más extraña resultaba la necesidad del hombre de querer tener una abeja como mascota. Las trataba de hacer dóciles y aseguraba que se dejaban acariciar, comían de la mano de otra persona y salían a pasear con él. Lubbock demostró con muchas reservas su “adiestramiento” con una avispa, la cual moriría nueve meses después.

Sombreros con aire acondicionado
En aquella época, llevar un sombrero de copa era señal de elegancia y buenas costumbres; no obstante, en los días calurosos era un martirio llevar puesto uno, por lo que un inventor decidió incluir una pequeña rejilla metálica que atravesaba la tela para poder tener aire fresco en la cabeza. Para nada fue una buena idea, puesto que arruinaba el diseño por completo.

Sanguijuelas falsas
No es que las vendieran como animales y terminaran siendo cuerpos falsos, sino que así le llamaban a una especie de jeringa que fungía como sanguijuela, ya que la introducían a la sangre y la succionaban para poder curar sus males, mismos que se encontraban en la sangre, según sus creencias. De este modo curaban a los enfermos, aunque en realidad sólo los debilitaban cada vez más. El uso de estos instrumentos fue siempre causa de polémica, ya que no eran probados científicamente con anterioridad.

Conoce las mentiras que aprendimos en la escuela y estos otros hechos absurdos en los que alguien tuvo fe.

CULTURA COLECTIVA

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